Azúcar

Estándar

“… entonces llegaría el principe a salvar a la bella princesa atrapada en la torre más alta del castillo, agitando su espada en vuelo para matar al feroz dragón…”

Sí, supongo que la mayoría de las niñas soñamos con este momento para cuando cumpliéramos la mayoría de edad,  llegaría el joven y apuesto principe a salvar a la princesa encerrada en la torre del castillo, “mi héroe” y corazoncitos flotando a su al rededor, es el amor de su vida y se alejan del reino para vivir felices por siempre ——– ok, lo confieso yo lo soñaba así y sí vi a mi apuesto vecino salvándome del dragón hace una semana cuando me quedé fuera de mi departamento, no era precisamente un dragón y no era una torre ni un peligro de vida o muerte, tampoco tenía una espada ni caballo pero bueno, hoy en día no se puede pedir mucho, ¿cierto?.

Desde esa pequeña humillación pública he sentido la infantil necesidad de encontrarlo a todo momento, recurrir a la baja técnica de la vecina sin azúcar (he llegado a acumular 20 tazas de azúcar en estos días), pedirle que me ayude en labores domésticos como remplazar los focos de la azotea, cosa que pude haber hecho yo, abrir un frasco de mayonesa, traer casualmente comida de sobra la cual si no es consumida al momento no llegará al siguiente día y muchas otras cosas tan acosadoras e inútiles tan sólo para poder conocerlo, observarlo, hablarle.

La verdad no entiendo por qué no podía simplemente invitarlo a salir o dejar de hacer todo este teatrito para verlo, podría ser directa y decirle que llamaba mi atención y tenía la fuerte necesidad de conocerlo, supongo que por primera vez tenía miedo de ser rechazada.

-Don Arturo, su café su pastel, ¿Desea algo más?- La verdad no tenía mucho animo para ser un sol iluminador en la vida de los clientes así que mi animo se veía claramente reflejado en mi tono de voz y expresión facial.

– No gracias –

En la mesa tres me pedían más café, al momento de servirlo la cafetería se iluminó y los coros angelicales provenientes de mi mente alocada anunciaban la llegada de la realeza, mejor dicho de mi vecino, Raúl. El amor es ciego y claramente yo no veía que la taza se había llenado desde hace un litro, el grito apresurado del cliente hizo me despertara del hechizo malvado de su entrada triunfal por la cafetería, inmediatamente pedí disculpas y ofrecí la cuenta por mi torpeza, corrí rápidamente por una franela para secar la mesa y seguí disculpándome mientras moría de vergüenza.

– ¿Por qué no le hablas en vez de babear por él? – me dijo Don Arturo mientras seguía leyendo su periódico y yo pasaba por ahí.

-¿Cómo dice?-

– Al hombre que entró, ¿Por qué no le hablas?-

– Ah! – Expresé mientras me sonrojaba y me sentaba a su lado con un suspiro de decepción. – Le he hablado, cosas sin importancia, es mi vecino y . . . soy patética, lo único que he hecho es pedirle azúcar y vigilar mi puerta para darme cuenta si sale para así encontrármelo en las escaleras, ha de pensar que soy una psicópata asesina –

– tal vez tienes que dejar que el vaya hacía ti –

·Palabras sabias, pero, ¿y si nunca llegaba?·

– Ni siquiera lo conozco y ya tiro café sobre la gente, prácticamente lo único que hemos hablado se puede escribir en una página de mi libreta – Era una libreta pequeña – y apuesto a que sobraría algo menos de la mitad –

Después de una mueca que indicaba se burlaba interiormente de mi situación continúo con sus sabias palabras.

– Me gustaría un poco más de café si no te molesta por favor – bueno no fue lo más sabio que haya salido de su boca y sin darme cuenta había entablado una pequeña conversación con él, obviamente me daría cuenta hasta que Raúl dejara la cafetería.

– Sabes – continuo diciéndome después de llevarle café –  eres una muchacha bonita y agradable pero le das mucha importancia a querer gustarle y tratas de llamar su atención con cosas que no necesitas, es como si a una margarita (mientras tomaba la flor de la mesa con su mano izquierda) la adornaras con limpia pipas color rosa y rojo, perlas y cuentas de colores, de algo simple y bello llega a ser algo burdo y excesivo que lastima la vista, ¿Entiendes?, Tal vez tu chico soñado prefiera la margarita simple a la flor barroca que le estas dando, ¿ no crees? – terminó de decir dándome la flor.

Le sonreí agradeciéndole la flor y me quedé pensando, era verdad, es como si un niño chiquito te estuviera picando las costillas continuamente, al principio es algo lindo y gracioso pero después de un tiempo te harta y deja de tener la ternura del inicio.

Una flor sencilla, una flor sencilla, una flor sencilla . . . me repetía al llegar a mi apartamento para no hablarle, autocontrol, respirar, entretenerse en algo más, dejar de pensar en lo que te hace salir de balance, en mi caso mi vecino, todo estará bien, tod—

Alguien tocaba la puerta interrumpiendo mi concentración

-Hola, ammm oye tendrás azúcar, creo que me has dejado sin un gramo-

· Maldita sea, la desintoxicación no funciona si la droga viene a ti, creí que eso de la montaña y mahoma era una simple metáfora·

– Sí, claro pasa –

– Te vi en la cafetería el día de hoy, no sabía que eras amiga de Don Arturo –

– Bueno no somos amigos realmente, soy su mesera y bueno, trato de descubrir cosas acerca de él, me da curiosidad pero no he podido hablarle es algo difícil –

– Hoy te vi hablándole – Cierto, hoy había hablado con él, hasta me dio a flor que posaba en el buró de la entrada.

– Sí, (¿Como decirte que hablábamos de ti?) me refiero a hablar más personalmente, saber cosas de su vida, hacerme su amiga –

– Él es reservado, tienes que esperar a que venga a ti, yo tomo clases de piano con él los viernes, no tenemos una relación tan abierta ya que me ha dicho directamente que no soy de su agrado y aún así bromea conmigo y conversamos en varías ocasiones, todo casual pero algo es algo-

– Eres otro pastel –

– ¿Qué?-

– No, nada, bueno me ha dicho que no le gusta el pastel y cada día consume tres rebanadas, no le agradas y cada viernes te habla-

– Sí, en ese punto sí soy otro pastel- me decía mientras reía un poco por  la comparación – ¿Por eso tienes curiosidad, por el pastel? –

– No es sólo eso, es todo, su rutina, sus gustos, por ejemplo, ¿no tienes curiosidad de saber qué hace después de las doce y antes de tus clases de piano?, o ¿cómo vive?, ¿qué le gusta?, ¿Qué otras cosas no le gustan?, no sé tantas cosas, es decir, he visto tantas personas que se creen interesantes y caminan gracioso o visten diferente para no ser uno más mientras son exactamente como algún otro tipo en algún otro lugar y piensan de acuerdo a las modas pero no lo admiten y se dicen originales, he visto personas cuyas vidas he imaginado por su forma de expresarse, por algunas cosas que me cuentan, he visto personas extrañas pero ninguna ha despertado un interés tan grande como él, digo no es el tipo de interés acosador de enamoramiento, es sólo curiosidad.

– Raúl!!!!-  Gritó una voz femenina desde el interior de su departamento

– lo siento, me tengo que ir, esperan por la azúcar –

Tenía compañía, del tipo femenina y dulce porque deseaba azúcar, mis esperanzas habían terminado con ese grito.

Tal vez debería de tomar clases de piano y seguir acosandolo, no, supongo que aún podía llegar a conocerlo siendo simple.

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  1. «… mis esperanzas habían terminado con ese grito.»
    Buuuuu! Liuva se desanima con tan poquito!

    Excelente capítulo, en especial por la reflexión de Don Arturo.

    : )

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