Cartas a Eleonora

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Y va cayendo la lluvia en el balcon y tu, fumando un cigarrillo en el sillon, tu voz, llamandome al balcon a ver llover . . .

Los días lluviosos son mis favoritos pero no cuando arruinan la tarde y de paso nos quita la electricidad, así que a la luz de las velas me encontraba contando las tablas en el piso, al terminar, conté los relámpagos pegada a mi ventana, vi como lentamente la poca luz que se traspasaba por las nubes desaparecía dando paso a la oscuridad total dejando que mi vela alumbrara toda mi habitación.

El aburrimiento invadía mis horas, el tiempo no pasaba todo era tan lento que me desesperé, hice el aseo de toda mi casa, acomodé por orden alfabético los condimentos en la cocina y las latas en la alacena, hasta que por fin decidí darle una limpiadita a los libros del estudio, baje el primer libro de la izquierda y al hojearlo salió volando un sobre entreabierto que decía “Eleonora”, dicen que la curiosidad mató al gato pero yo no soy un gato así que abrí el sobre y leí el contenido de la carta.

“Mi querida Eleonora

No hay día que mi mente no sobrevuele tu rostro en su afán por encontrarte cada mañana e ilumines con tu belleza mis grises días.
Te he extrañado tanto desde que tus padres te alejaron de mi, un amor de verano que tenía que terminar era su argumento, pero el nuestro era amor verdadero.

Mi amada Eli, desearía que el destino trajera a mi tu rostro, tus manos, tu cuerpo nuevamente para seguir amándote, no encuentro las cadenas que me atan a tus pasos invisibles pero sé que te sigo en cada pensamiento, mientras mi cuerpo sigue aquí con la fiel esperanza de tu regreso, siempre estaré aquí esperándote ya que no puedo salir a buscarte, el mundo es inmenso y nuestras almas tan pequeñas.

Con amor
Pablo”

Como esta carta encontré una en cada libro, en total 164 cartas a Eleonora, todas decían prácticamente lo mismo, él la extrañaba y seguía pensando que ella regresaría, era una obsesión que extrañamente comprendía muy bien, pero ¿Por qué no le mando ninguna?, tal vez si ella supiera que él sigue o que la estuvo esperando por tanto tiempo,  ella regresaría, no lo sé la historia era muy confusa aún, ¿Quién era Pablo?, ¿Quién era Eleonora?

La noche se pasó tan rápido mientras leía todas las cartas iluminada sólo por mi vela, cada una me conmovía más, tenía tantas ganas de encontrarlos a ambos, saber si esta historia tenía un hermoso final donde no fueron necesarias estas cartas que obviamente nunca leyó Eleonora ya que ella había regresado y fueron felices por siempre.

-Buenos días don Arturo, aquí esta su café y… bueno su orden, sabe, intenté seguir su consejo la otra noche y ser la flor sencilla pero fue un total desperdicio, él tiene novia y al parecer viven juntos y están enamorados, tal vez ya están planeando su boda y tener 4 hijos, tal vez ya hasta tengan sus nombres y cuartos en una hermosa casa a las afueras de la cuidad donde tendrán una alberca para los días calurosos y estará cercana al colegio al que-  interrumpió mi fantasía debrayante con un ligero golpe a la mesa

– no estas segura de nada de eso ¿o si? – me pregunto sacándome de mi trance, sin esperar respuesta bajó su periódico y me miro por unos segundos hasta suspirar con un aire de decepción – Creí que eras más lista y te atreverías a hacer ese tipo de acusaciones cuando estuvieras completamente segura, pero ya veo que no y déjame decirte que estas equivocada –

– ¿Equivocada en qué?, ¿En todo?, ¿En qué parte?, ¿No es su novia?, dígame por favor Don Arturo, usted lo conoce, sé que toma clases de piano con usted los viernes, hoy es viernes puede preguntarle y decirme el lunes o –

-o podrías investigarlo por tu cuenta, no pienso ser el espía de una chamaquita que tiene miedo hasta de su sombra -terminó por decirme y comenzó a leer su periódico.

– no es qué tenga miedo, es simplemente que… es verdad tengo miedo de lo que me pueda decir, ojala todo fuera tan fácil como mandarle una carta y ya, pero es mi vecino y eso ya no se usa, desearía vivir en la época de Eleonora y Pablo –

Esto último atrajo la atención de Don Arturo – Eleonora y Pablo dijiste? –

– Sí, en mi departamento encontré muchas cartas dirigidas a Eleonora, no tengo la menor idea de quién sea, todas son de Pablo y tampoco sé quién es, de seguro es el antiguo dueño del departamento, trate de investigar dónde vive ahora pero la vendedora no me puede dar ese tipo de información, es Confidencial, según ella. Son tan lindas todas las cartas tal vez es que he estado sensible últimamente, pero algunas me hicieron llorar –

– Que curioso, yo conocía un Pablo que tenía una Eleonora hace muchos años pero nunca mencionó nada de unas cartas, de seguro pura coincidencia, aunque el Pablo que yo conosc…- su voz se entre corto e hizo una pausa – Conocía murió hace unos cuantos años –

Era increíble, Don Arturo me había contado algo de su vida personal, bueno tal vez no de la suya pero sentí que dejo ver sus emociones y no pude evitar preguntar.

– ¿De casualidad él vivía en el departamento 9 del edificio Rosa a tres locales de aquí? –  antes de que pudiera responderme, Lucy tropezó y dejo al aire dos vasos de jugo de arandano que cayeron sobre nosotros manchando de un rojo intenso la ropa de Don Arturo y la mía, inmediatamente fui por un trapo para limpiar el desastre y cuando regrese Don Arturo ya no estaba, dejo la cuenta pagada con una gran propina y desapareció, por primera vez en 3 años Don Arturo no estaba en su mesa regular y al parecer, yo era responsable de eso.

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