Un Torpe, Torpe amor

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Los opuestos se atraen”, ¿será verdad?, tal vez en ciertos casos las personas que son casi idénticas están predestinadas a enamorarse, tal vez sea la necesidad de encontrarse con uno mismo lo que hace que nazca amor entre personas tan similares, porque nos vemos reflejados, tanto en defectos como en virtudes en la persona que tenemos frente o quizá el amor no tenga un patrón que seguir y simplemente cuando se da, se da.

Era casi imposible no darse cuenta que entre Dan y Lucy había tanta atracción y también mucha timidez y qué decir de la torpeza, Doña Carmen, la dueña de la cafetería y yo nos dábamos cuenta que cada uno por separado se moría por hablarle al otro, por declararse su amor, pero cada que lo intentaban era un caos casi como EL Apocalipsis y realmente no sabíamos que tantos problemas nos traerían, a la cafetería, que ellos anduvieran, ya que cuando alguien está enamorado es más torpe de lo normal y bueno ellos ya son expertos en esa materia.

Los peores días para la cafetería eran los lunes, miércoles y viernes de entrega, cuando Dan llegaba con los pasteles, brownies, galletas y demás repostería, ya que él trabajaba en la repostería tres calles al sur de la cafetería pero como buen muchacho de entrega pasaba más tiempo en su bicicleta con canasta de pedidos y en movimiento que de pie en la cafetería, él era realmente bueno y rápido para hacer entregas, el mejor, pero una extraña fuerza ajena a nuestras pequeñas mentes se apoderaba de sus piernas al ver a Lucy, se hacían de goma y casi siempre el pedido volaba por los aires al decir “Buenos días Lucy” cuando ella estaba cerca, afortunadamente después de las 3 primeras ocasiones logré adaptarme a su horario y me quedaba cerca de la puerta para cachar el pedido, normalmente una caja pequeña con dos pasteles volaba por los aires mientras una bolsa de papel mediana quedaba aplastada por Dan, así que cuando lo veía entrar tomaba la bolsa, daba dos pasos al centro de la cafetería y la caja caía justo en mis manos, mientras se escuchaba un fuerte y largo saludo para Lucy, al cual todos los clientes frecuentes, la dueña y yo respondíamos juntos “Buenos Días Dan” para proseguir con nuestros labores, rápidamente se hizo una graciosa costumbre.

Por el otro lado, el más difícil, Lucy era impredecible y como tal desastrosa, cuando no tiraba el café, tiraba los pedidos, otras veces olvidaba algún emparedado en el tostador o había pequeños accidentes parecidos, nada grave ya que no se le dejaba utilizar la máquina de café, la estufa y lo más grave que podría pasar a costa de ella era el pan quemado.

Una vez que el desastre de Dan terminaba comenzaban los pequeños descuidos de Lucy, lo más gracioso era su manera de comunicarse, parecía que Dan se mentalizaba toda la mañana para poder darle los buenos días a Lucy, para ella las palabras simplemente se quedaban atoradas en su garganta, su cara se ponía muy roja y el único sonido que emitía era una risa entre tímida y nerviosa, al finalizar su osadía ambos se miraban de re-ojo, se coqueteaban sin querer y cuando alguno quería decirle algo al otro, un silencio los interrumpía, era como cuando tienes una buena idea y justo cuando va a salir de tus labios te das cuenta que no es tan buena y paras en seco.

Doña Carmen y yo podríamos jugar a ser Cupido pero cada quien puede con su lucha y ellos debían de emprender la suya por su cuenta lo único que esperábamos era no morir en el proceso.

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