Entre mariposas y nauseas

Estándar

-¿Me amas?-

– No me vuelvas a preguntar eso, no estaría aquí contigo de no ser así, no estaría besando tus labios, tocando y acariciando tu suave piel, no estaría mirándote a los ojos perdiéndome en el obscuro y hermoso infinito que veo en ellos; Ely, jamás vuelvas a preguntarme si te amo o no, la respuesta es tan obvia y redundante que mis besos, mis caricias, el simple hecho de estar contigo sobrarían, Ely, Ely, Ely. . .  –  me decía la voz de hombre que acariciaba mi oído, me llamaba Ely y yo sentía responder a ese nombre, mientras lentamente las letras comenzaban a cambiar y la voz de hombre seductora y protectora cambiaba a un tono familiar y apresurado.

– Liu, Liu!! Despierta, hay fuego en la cocina, ¿Dónde está el extinguidor?, Liu!!! – Me gritaba Cesar moviéndome de un lado a otro, golpeándome sin mucha fuerza el rostro para despertar, después de un par de intentos cesó para minutos después despertarme con un vaso de agua helada en la cara –

– ¡¿Qué te pasa?! Me voy a enfermar, ¿Qué Demonios quieres?, es mi día libre déjame dormir en paz, por favor –  dije mientras volvía a acurrucarme en mis sabanas tapando totalmente mi cara, segundos después recapacite las palabras exactas de Cesar, “hay fuego en la cocina”, me paré como loca y corrí al cuarto de lavado por el extintor, cuando el fuego y el peligro pasaron nos sentamos en la sala con cara de no saber qué había pasado, en realidad yo no sabía que había pasado, actué sin pensar y cuando mi mente comenzó a funcionar cuestione a Cesar, ya que no era una tortilla quemada, era media cocina en fuego, algo café embarrado en el techo, dos sartenes en la mesa y el mantel que me había regalado Doña Chole del mercado estaba casi consumido por las llamas, lo único que contestó fue que había olvidado el desayuno mientras hablaba con su novia por teléfono en la azotea y el trapo para limpiar, las servilletas y demás cosas que se podrían quemar estaban peligrosamente cerca del fuego.

– Te das cuenta ¿que si no hubieras abierto la ventana de la sala y el humo te avisara que hay fuego pude haber muerto?, además estaba teniendo un sueño tan lindo y odio que me despiertes tan temprano, soy de carrera larga yo duermo hasta las doce, no tengo la culpa de que tu estés loco y te despiertes a las ocho de la mañana y quieras hacer y deshacer todo, aparte ¡ve la cocina como quedó!, la verdad que no pienso lavar nada de eso, fue tu descuido así que tu limpias, aparte, CESAR, mi mantel! Era un regalo, ¿Qué le voy a decir a Doña Chole, cuando vea que su mantel no está?, en su vida me vuelve a regalar una manzana de esas verdes que me encantan, Mi sueño, alguien me decía Ely, no sé porque, ¿quién es Ely?,¡¡Carajo Cesar!! – una vez terminado mi teatrito histérico fui a mi cuarto a cambiarme y salí del departamento, bajé por las escaleras donde me encontré con Kit, a quien estaba evitando por obvias razones.

-Liu, hola, hace tiempo no te topaba, tu compañero de piso me decía que salías muy temprano o aún seguías dormida, aparte de que nos fuimos, Raúl y yo, a hacer unas presentaciones a Guadalajara, te traje un Tequilita delicioso, ¿Qué tal si nos echamos unos caballitos en la noche y nos ponemos al día?, ¿Qué dices? –

Con un humor de pocas pulgas, sin desayuno y algo de intoxicación por el humo no me fueron de ayuda, lo único que hice fue mirarla con algo de enojo y marcharme, fue muy grosero, hasta para mí, pero en esos momentos no tenía cabeza para pensar que quizá estaba enamorada de mí, que Raúl no tenía interés alguno en mí, que Don Arturo seguía desaparecido y el mantel tan bonito de Doña Chole había quedado arruinado; Una terrible mañana y Kit me hablaba de tequila.

En muchas ocasiones y en varios lugares vemos gente sentada viendo un punto fijo en el infinito, inertes y en silencio, como si no estuvieran ahí e inmediatamente pensamos que están “idos” que no están consientes de lo que está pasando a su alrededor y simplemente apagaron su mente unos segundos, minutos o hasta horas enteras; Yo era una de ese tanto de personas, sentada con una lechita en cuadrito en una mano y unos pastelitos en la otra, un desayuno rico y nutritivo, según los comerciales. Mi mente vagaba en tantos lugares y a la vez en ninguno, yo sólo estaba, sin pensar, ni moverme, vegetando simplemente en una banca del pequeño parque, cuando al fin salí del trance comencé a pensar en mi sueño, en lo real que se sentía y en la voz y sentimiento tan familiar, Ely, Ely, ¡ELEONORA! Tal vez de tanto pensar en ellos se habían colado entre mis sueños, dejando mi imaginación a volar en sus historias.

La sensación de sentirse amada y cerca de alguien me hacía recordar y extrañar a mi familia, en quienes hace tiempo no me permitía pensar, en mi padre, lo que me hizo recordar la nota que le dejé.

“Padre

No sé cómo tomes esto, pero no soy feliz aquí, siento que mi camino me lleva a lugares siempre lejos de tus pensamientos, de ti, de la familia y odio pensar que tal vez cuando leas esto te enojes y quieras que vuelva, mientras por dentro lo único que sientes es decepción.

Casi entré a la carrera que juntos habíamos elegido como mi mejor opción y el saber que lo abandoné todo por nada te decepciona tanto, sé que sí, ya que siempre quisiste lo mejor para mi, pero lo mejor para mí no es una carrera, es ser feliz, a eso vine a este mundo padre, a ser feliz y me duele tanto que no pueda ser a tu lado, algún día podre explicarte mejor todo esto, la razón de ser tan cobarde y huir en vez de irme diciéndote todo de frente.

Lo siento tanto, pero siempre te amaré y espero tú a mí también.

Liu”

Parecía que leía la nota en mi mente y cuando termine de “leerla” rompí en llanto, lo extrañaba tanto y comenzaba a cuestionarme si en realidad esta era la “felicidad” por la que había dejado a mi familia y aunque así lo fuera aún no lograba sentir esa felicidad en mí.

Aún sentada en la banca del parque con la leche a medio terminar en una mano y medio pastelito en la otra seguía llorando bajando sólo la cabeza sin bajar mis manos, como si estas fueran opuestas de una balanza; mi figura desalineada, a medio comer y llorando, a la distancia daba lástima, al cabo de un tiempo sentí que alguien se sentaba junto a mí en la banca, tomo el pastelito que tenía en la mano izquierda y me dio un pañuelo, era Raúl.

– Gracias –  le dije dándole el pañuelo después de sonarme fuertemente la nariz con él.

– Quédatelo – con un pequeño gesto de asco en su rostro, no lo culpo yo hubiera hecho lo mismo – ¿Por qué lloras, se puede saber? –

– Es sólo que extraño a mi familia, hace meses que no los veo, soy una mesera, cuando mi padre quería que fuera una licenciada, que terminara mi carrera y no soy nada, si lo supiera se volvería a decepcionar de mi, ¿Cuántas decepciones más tiene que soportar?, en todo lo que viví con él le di varias, bastantes a decir vedad y ahora aún estando lejos, le sigo dando decepciones, esto no puede ser así –

– Si te sirve de consuelo haces un café delicioso – me dijo tiernamente con una pequeña sonrisa en su rostro

Nos quedamos en silencio, yo moqueando, por unos minutos, vimos a los niños pasar jugando plenos, las mamás corriendo detrás de ellos con la típica frase “Te vas a ensuciar” hasta que finalmente Raúl dijo algo que cambio mi día.

– Sabes, creo que eres una gran persona, yo soy muy tímido para decir este tipo de cosas pero eres muy linda y me duele verte llorar, si eres de las que se ríen con el dolor ajeno, soy capaz de ir a estrellarme contra ese poste para hacerte reír –

–  No, por favor, moriría de la risa –

Nos miramos a los ojos por un rato mientras reíamos un poco para después quedarnos en silencio, acarició mi rostro, mi cabello y sonreía acercándose cada vez un poco más a mí, a escaso espacio de mi rostro se detuvo esperando que yo fuera hacía él, sentía entre mariposas y nauseas revoloteando en mi estomago, pero en realidad eran más nauseas que mariposas, antes de vomitarle encima corrí lo más lejos que pude de él.

El sabotaje de mi vida consistía en un plan maléfico del cosmos, la tienda donde compré mi nutritivo desayuno carecía de refrigeración y para mi buena suerte la leche tenía dos meses caducada.

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  1. Vaya… ¡qué suerte la de Liu! Pobre, justo cuando todo parece tomar un tono “romanticoso”, ¡la leche estaba echada a perder! xD

    Muy buena entrada, me agradó mucho. 🙂

  2. XDDDDDDDDDD
    EPIC WIN
    El final es magnífico. XD
    Por cierto, el criticón en turno te invita a corregir una errata
    Extinguidor, extintor. La segunda es la correcta y tienes ambas (entre otros detalles)

    ¿Por qué no has escrito más? Tengo que saltar entre tus blogs para ver si hay algo nuevo tuyo 😛

  3. Me llamó mucho la atención la forma en la que comensaste, esa “conversacion” con autorrespuesta creo que la hemos tenido todas en algun momento d enuestra vida. me fascinó el cuento, sin ser totalmente meloso llega a ser tierno a pesar de la leche vencida XD…si suelen pasar cosas así más cuando una se carga el complot del destino encima XD

    • jajajaja gracias! Elaine pues no es precisamente un cuento, va siendo una “novela” que poco a poco ire desarrollando (si esque le encuentro nuevamente el rollo a esto)

      gracias por leer, Buen día ciao

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