No te necesitaba

Estándar

“No necesito tomarte de la mano por la tarde,
no necesito verte a los ojos con la luz solar,
no necesito ser tu sombra por el parque y
lo sé, lo sabes; me basta con tan poco y a la vez es tanto lo que me hace falta.”

Ella coquetea cuando la luna sale y las apariencias caen con la luz de la luna iluminando su rostro. Lentamente llena de rojos matices la habitación, cubre con pañuelos rojos transparentes las lámparas de mesa que se encuentran rodeando la cama con suaves y blancas sábanas; llena los rincones con velas de diferentes tamaños. Prepara todo a la perfección y lo espera como cada semana de noche envuelta en una mascada obscura por la cual se logra ver su cuerpo desnudo y hermoso.

Él sale temprano del trabajo para encontrarse en el departamento de ella. Su esposa marca justo a esa hora y él responde con un pretexto bien elaborado “Mi amor, tendré junta otra vez, llegaré muy tarde, no me esperes – Rematado con las palabras mágicas – Te amo”; Ella, su esposa, respira con profundidad y las dudas deambulan por sus oídos susurrándole cosas que no quiere escuchar; “Te engaña, te engaña, te engaña” sin pensarlo dos segundos más, decide olvidar el pensamiento y prepara a los niños para cenar. Lo sabe y lo ignora.

La llave secreta, que está debajo del tapete, abre paso al hombre de traje y portafolio, para irrumpir en la cama que frecuenta más que la propia desde que cumplió catorce años de casado con la madre de sus dos hijos. Mientras camina por el corredor hacía la habitación se despoja del saco, la corbata y el portafolio tirándolos sin cuidado alguno y va al encuentro de ella, la que espera y anhela una vez a la semana; su amante, piensa y el remordimiento amenaza con detener sus pensamientos y hacerlo correr a pedir piedad, sin embargo así como llega es aplastado por las dulces palabras que se escuchan al final del pasillo “Ven, te esperaba. . .”

Lo conoce de años atrás y siempre supo que con él debía terminar, mas no quiso formalizar cosa alguna, argumentando que era su forma de ser, que lo único que deseaba era su cuerpo cada noche y sigue engañándose cada que él entra a su habitación.

“No necesito cariño y un anillo,
no necesito que me des una familia y un jardín,
no necesito tus brazos cada noche  y tus besos al amanecer y,
lo sé, lo sabes; Eres todo y te digo que eres nada”

El último paso y da de frente a su habitación, observa y se deja seducir por el ambiente de romanticismo creado con luces y aromas, pero cae perplejo por su seductora espera.

Ella lo mira y suspira, sonríe y, de pie, deja su mascada caer como un suspiro contenido. Él la toma lentamente en brazos; comienza a besarla con pasión y delicadeza, acaricia con su boca cada poro de esa suave piel, mientras ella poco a poco desabotona la camisa color azul que él trae puesta.

Lo besa, se besan, se tocan y se aman. Por un momento el mundo es sólo suyo y no existen lazos ni errores, no existe pasado que atormente las malas decisiones, no existe presente que amenace con destruir el momento y jamás ha existido futuro alguno que los espere en el mismo sendero.

Ellos lo saben y siguen, porque es lo que dicta el momento.

Él la lleva delicadamente a la cama donde la posa y se detiene a admirar su belleza, en su mente evoca los recuerdos de su primer beso y sonríe acariciándole el rostro. No hacen falta palabras, ella sabe qué pasa por su mente cuando la mira de esa forma y le regresa la sonrisa seguida de un beso similar al que evoca su memoria.

“No necesito que estés conmigo,
no necesito que te sientas atraído,
no necesito que me ames y,
lo sé, lo sabes, nuestras vidas son paralelas y jamás se llegarán a tocar”

Un ligero viento se cuela por la puerta principal, dejando entrar cualquier temor y él lo presiente, pero deja pasar la advertencia de su sentido, pues está embrujado de un éxtasis sexual.

Su acto ha finalizado y se besan quedando uno frente al otro, tocándose las palmas de las manos opuestas al colchón, se sonríen y ella se recuesta a escuchar latir, pleno de felicidad, el corazón de su amante adormilado.

Ambos reposan tranquilos cuando un aroma familiar ronda el olfato del hombre casado, antes de abrir sus ojos, dos relámpagos rompen el silencio dejando un eco de dolor y ríos color carmín.

“No necesitaba tu cariño,
ni tus besos,
ni tus brazos y caricias,
no te necesitaba. . .  te quería”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s