Abrazame, aunque sea a distancia

Estándar

Abrazame
que en esta noche no consigo
dejar de temblar de frio
que ya basta del castigo
de estar sin tu corazon.

Abrazame
que nunca supe acostumbrarme
a los sweteres de estambre
que no se como taparme
sin tus manos, sin tu piel.

Abrazame que tengo frio
que estoy vencido
que estoy cansado y herido
que no importa si me dices
que he perdido ya lo se.

Abrazame
que no se como sostenerme
sin tus brazos sin tu vientre
sin tu risa de repente
sin esa mirada ausente
sin tu mano al caminar.

Abrazame…

 

Sin tu corazón, sin ti, corazón . . .

-Buenas noches Liu, me retiro pero te veo en la cafetería en un par de días, que disfrutes tu noche – Me dijo Don Arturo al levantarse de mi lado y marcharse. Era increíble cómo podían pasar varias horas en cuestión de minutos y cómo nos contamos todo sin decir una sola palabra.

La tarde estaba por convertirse en ese término medio que pinta de naranja el cielo, en dónde el viento acaricia nuestra piel con un leve susurro de frío, ese exacto momento del día que encanta a cualquiera, crea nostalgia, cursilerías en algún balcón de la ciudad, crea expectativas falsas de la noche, ese momento del día perfecto.

Me encontraba sentada a la sombra metafórica de una estatua, cuando llega uno de esos hombres pandrosos que hacen trenzas, pulseras, etc. Los que nunca fallan en las explanadas citadinas; yo simplemente veía al vacío, cuando se aproximó más a mí y me dijo que si podía robarme un par de minutos

· ¡Claro! Aunque si el tiempo es oro, con sólo un par de minutos le di una buena limosna al muchacho·

-Sí, dime – Le contesté esbozando una leve sonrisa en mi rostro.

Después de su labor de convencimiento fallido se sentó a mi lado a “querer conocerme” con preguntas típicas de ligue y, obviamente, no podía faltar el clásico “¿y qué dice el novio?”; lo que me hizo recordar todos esos hombres que han pasado por mi vida amorosa – que en realidad no eran muchos – contestando un “no tengo” sin expresión facial.

-¡Uy amiga! ¿Y eso? – me dijo sacándose descaradamente un moco de la nariz (si no de dónde más) lo cual me hizo seguir aquel individuo entre verdoso y amarillo hasta fundirse con su pantalón.

-Pues ya ves – le contesté sin muchos ánimos.

Después de varias evasivas más a su intento de seducirme, me pidió le mostrase mi mano, cuando la tomó vio en ella “algo”.

-¿A quién extrañas nena? –

– ¿Extrañar?, no, a nadie . . .

¿A quién extrañaba? A todos, me sentía en el limbo de todo, no encontraba mi hogar en ningún lugar dónde me quedara por mucho tiempo. Qué más podría esperar de una acción cómo la mía, huir, ser cobarde, seguir instintos que hasta ahora habían sido inútiles, vanos y decepcionantes. Nada más que errores.

Entonces recordé la noche en que lo conocí. Había asistido a una de esas fiestas urbanas donde la gente sólo se embriaga y baila descontroladamente sin razón aparente. No recuerdo por qué fui, después de varias copas y con las mañas para pasar el tiempo, agotadas, salí de la casa dónde estaba la fiesta, no era muy noche y aún así casi no se veía gente por la calle.

El ambiente se tornó un poco azul pálido, desde el piso hasta medio cuerpo se podía apreciar el leve color de la neblina cubriendo la ciudad; mi nariz comenzó a colorarse de un carmín que se acentuaba en la punta de la misma, mis dedos tomaron un color lila con mayor coloración alrededor de las uñas; cerca de mi rostro al respirar podía ver el vapor emanando de mí. Era una noche hermosa a mi gusto.

Caminé tratando de encontrarle sentido al día, perderme tal vez, quizá encontrarme, que me robaran o mataran era una de las cosas que más anhelaba en esos momentos. Caminé por varias horas hasta que mis pies dejaron de obedecer a mi mente y me senté en un columpio abandonado.

–          Creo que no es hora apropiada para jugar en estos lugares ¿no cree señorita? – me dijo su voz, era profunda, educada, elocuente y sarcástica.

–          Supongo que no, pero tampoco sería hora adecuada para usted –

–          Lo sé, te vi desde mi ventana, pensé que quizá te gustaría calentarte un poco, quizá un poco de café y un abrigo más grueso, podrías enfermar.

Confiar, no confiar. No importaba mucho, era tarde, tenía sueño y sinceramente no tenía la menor idea de mi locación.

–          Claro, por qué no – Asentí encogiendo los hombros un poco e inclinando mi cabeza.

Entramos a su apartamento, era pequeño y muy acogedor, tenía un hermoso balcón de donde se veía media ciudad entre nubes de neblina, era hermoso. Pasados unos minutos me ofreció una taza de café caliente, una cobija y me sugirió sentarme en el sillón grande, podía subir mis pies y acurrucarme con la cobija. Hizo varios comentarios acerca del clima, de lo importante que era la salud, de temas tan cotidianos que aún conservo en mi memoria.

Comencé a quedarme dormida mientras él me comentaba cosas sin importancia, cuando notó mi falta de interés me ofreció dormir en su habitación.

-Puedes quedarte en mi cuarto, yo dormiré aquí, en el sofá –

-Sí, gracias, ¿por dónde es? –

Nos adentramos en el pasillo cuando la luz desapareció seguida de un estruendo y una ráfaga de viento repentina, sin pensarlo y presa de un sobresalto, tomé su brazo y seguido su mano fuerte y suave, una extraña combinación para un hombre.

–          Lo siento, me espanté –

–          No te preocupes, fue agradable. – Me dijo trazando en su rostro una sonrisa leve y un poco de rojo en sus pómulos. Su piel era blanca y tersa, sus labios rosas pálidos, su nariz recta y grande, sus ojos eran obscuros y profundos. De un momento a otro me perdí en esos sus grandes ojos fijos.

Llegando a la habitación me mostró la cama casi golpeándose con todo lo que podía, tomó mi mano y la sujetó con fuerza para evitar que yo me golpeara de la misma manera que él. Al encontrar ésta me senté en el borde sin soltar su mano, era imposible que siendo una fiel NO creyente de la atracción sentimental a “primera vista” no pudiera soltar su mano por un extraño presentimiento.

–          Si gustas puedo quedarme hasta que te duermas –

–          No quiero ser una molestia, ya mucho has hecho con darme asilo, estaré bien –

–          Al contrario, sería un placer. –

Me recosté en la cama y él se quedó al filo de ésta, mirando hacia la ventana dónde se colaba la luz amarillenta proveniente de la calle. Sin pensarlo tomé su brazo e hice se recostara junto a mí, él no se opuso y dejó que lo guiara a la posición que yo deseaba, frente a mí.

Nuestros rostros quedaron enfrentados, próximos y borrosos, mientras mi corazón se agitaba de emoción cada que él me miraba y sonreía. No podía creer que esto me estuviera pasando a mí.

Pero pasó, quizá el hombre de las trenzas tenía razón, quizá su sola presencia marcó mi vida, dejando, con su ausencia, la marca que él vio en mi mano, un profundo sentimiento de nostalgia.



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  1. Mmm creo k ya lo habia komentado enserio…

    pero bueno…

    me gustoo ehh, creo k te estas divirtiendo mucho escribiendoloo..

    no sea flojilla y pongasee a escribir el proximo capitulo..

    Respira Inspiracion….

  2. Quiero que alguien me lea la mano y se de cuenta de cuánto extraño a las personas especiales en mi vida.

    Pero también quisiera que esas personas lo supieran… y que conocieran las razones por las cuales los extraño y cuanto anhelo poder estar unos segundos a su lado.

    Pero sólo es un sueño… parte de mi historia.

    (:

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