Esbozos tristes del ayer

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Línea A a línea B, un principio, un final, siempre un círculo vicioso que parece nunca terminar, sin embargo comienza de la misma forma en la que termina, sin un final.

La nostalgia es una tonta compañera que atrasa y hace pesados mis pasos, la odio!

Pasé tres días en la ciudad, caminaba vagando de un recuerdo borroso a un borroso recuerdo sin regresar sobre mis pasos. Recordaba el sonido de la ciudad en Madero, los tambores de la plaza y sus danzantes, el olor a café de Donceles, el aroma a humedad de sus librerías, la textura de cada página amarilla en sus libros, el silencio hipnotizador de ese pasillo en especifico, dónde quise besarle y presa del pánico huí.

El tercer día, decidí ir a ver la calle en la que solíamos caminar – él y yo – tomados de la mano sin decirnos una sola palabra hasta sentarnos en nuestra banca favorita, subíamos los pies a la misma y él me abrazaba mientras mirábamos el viento llevarse las hojas de otoño – Siempre me pregunté cómo sería ver el verde de los arboles con él, nunca llegó una primavera a su lado, mucho menos un verano –

Entonces él comenzaba a platicarme su día, su vida cuando no estaba a mi lado, me contaba que cada día pensaba en mí, no de la forma obsesiva, me aclaraba; cada qué hablaba yo sentía su aliento retumbar y perderse entre mis negros y largos cabellos, hasta llegar a mi nuca como un suave y delicado susurro, una caricia de su voz.

–          Liu ¿te das cuenta que, desde el día en que nos conocimos, sólo he venido por una semana el año pasado y llevo tres días aquí y no puedo dejar de pensar en ti? ¿Cómo es eso posible? –

–          No lo sé, es raro, yo no pienso en ti a todo momento, sólo cuando estoy triste y quiero estar feliz, no te ofendas es la verdad, me evocas tristeza. –

–          ¿Por qué? Yo pienso en ti y sonrió.

–          Porque vives en un mundo irreal, la vida es terrenal y sabemos que te irás, no sé a dónde, ni tú mismo sabes! –

Pocas veces, pero recurrentes tuvimos la misma discusión, él tenía que irse con su familia, su madre viajaba mucho y no conoció a su padre, tenía tantas ganas de verlo y reclamarle tantas cosas, pero más que eso quería conocerlo, sabía que tenía algo de él, de su padre, que en parte gracias a él, era como era.

La discusión nunca paraba hasta que él me besaba y me decía que pronto terminaría la preparatoria y se vendría al distrito a vivir conmigo. Éramos jóvenes y tontamente enamorados, apenas conocíamos datos básicos de nosotros, pero sentíamos conocernos de siempre.

Aquel día en su casa, cuando nos conocimos con mi extraño aroma a alcohol, me confesó que era el último día que estaba en esa casa, su madre y hermana habían partido horas antes de mi llegada a casa de unos familiares y él tendría que alcanzarles a la mañana siguiente. Hablamos por horas en la obscuridad, mi mayor temor era cerrar los ojos y quedarme dormida, sabría que al despertar me encontraría completamente sola, completamente sola.

Así fue, cuando desperté ese día encontré una nota suya pidiéndome disculpas por no despedirse pero no quería despertarme, que podía tomar lo que quisiera de comer y por favor cuando saliera cerrara con llave y me quedara con la llave. “Sé que se te hará raro que confíe tanto en ti como para dejarte la llave de mi casa, pero no tengo razón alguna para no hacerlo, en un par de semanas irá alguien a esa casa, la rentamos en esas fechas, espero no recibir noticias de que se han llevado todo lo que había”

Al año siguiente le regresé la llave y salimos a charlar. Sólo fueron dos años como esos, el tercero, lo esperé día tras día en los columpios frente a su casa, Torpes enamorados alienados de la tecnología! si hubiera tenido su celular no estarías leyendo esto  y sin duda no lo estaría contando, quizá todo sería igual.

Tomé mis cosas y me fui dejando esos columpios, esa banca, ese otoño, uno más a la cuenta sin él. Regresé a Aguascalientes con los ánimos destrozados pero con la esperanza de Raúl, de mis “amigos” de mi vida sin mí, de esa vida que nunca imagine en sueños, sin él, sin nada, pero tratando de hacerla con todos.

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  1. Como nota crítica: ¡Deja de comerte los signos de admiración de apertura!
    //
    Muy bonita entrada, es en efecto, nostálgica. De esas veces en que uno se siente así, viene y lee un texto que queda como anillo al dedo.

    Tú como casi nadie, logras esa sensación… nuevamente.

    Gracias por tus textos. 🙂

    • Lo siento Alfred! digo ¡Lo siento Alfred! jajajaja ese signo se está perdiendo en mi teclado u.u

      Gracias por leer y espero que ese momento de nostalgia tuyo ya haya terminado (;

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