Rostro de humo

Estándar

¿Cómo pude creer, que el amor no había de ver?
Siempre tan constante en ser cortante
y afanada en nunca ser amada.

Amor a primera vista, que tontería
Sin embargo…
¡Ay Cupido qué puntería!

Pues le toqué con estas manos a cuyos ojos míos,
suplantan en ser vista misma;
Caí en sus brazos fuertes y seguros,
tras tropezar con el destino minutos atrás.

“Gracias” le dije mientras aspiraba su aroma varonil y seductor,
“Tenga más cuidado, hermosa dama” me dijo y su voz dibujó en mi mente formas cuya vista suya no puede crear.
Estando aún en sus brazos le rocé el rostro para verle mejor,
cerró sus ojos y me dejó tocarle cada poro de su cara.

Fue el principio del fin,
de él me enamoré,
de mí se enamoró,
pero mi corazón desmoronó.

¿Qué puede una mujer ciega brindarle a un caballero tan volátil como él?
Mis besos, mis caricias, mis risas y pláticas amenas de nada valían,
pues cada mujer que pasaba, robaba su vista, su voz se distraía,
o al menos eso yo creía.

Llegaba siempre tarde a mis citas,
cada día con aromas de mujer vulgar,
no sabía yo, bien pudo traer sus pantaletas en la mano
y besarme de igual manera que si trajera en ella
flores silvestres o elogios de chocolates.

No pude más, mientras más esperaba más llegaban a mí pensamientos de su muerte, de su sangre corriendo por mis manos,
no podía resistir un minuto más…
¡oh maldita noche fría en la que tomé su vida con mis manos!
Con la almohada que guardaba mis pesadillas cada noche, le sofoqué hasta la muerte.
Una vez quieto corté su pecho y tomé su corazón mientras aún estaba caliente,
lo guardé en el refrigerador y me deshice de su cuerpo sucio de besos ajenos.

Pero vaya que la conciencia es mala y la vida lo es aún más,
veía – mientras tocaba cada cosa de mi habitación, de la escena del crimen-
su rostro, sus párpados, su boca ¡Esa boca!, su todo, lo veía a él sonriéndome como si supiera que me volvería loca de verle, de sentirle y, presa de la locura, tomé el mismo cuchillo que arrebató de su cuerpo el corazón sangriento  y me corté la mano izquierda, lo clavé en el fregadero y con el filo apuntando a la asesina, lo enterré en la otra.

Vano fue el intento de salvación pues cada aroma de su ropa dibujaba su rostro de humo en mi mente, llorando por la desesperación me tiré al vacío de su amor, cinco pisos de aire en los que escuché su nombre volando fueron el fin de este enfermo amor.

“En su sangre viven mis recuerdos y en mi mente mueren sus suspiros, nunca míos, nunca míos”

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  1. Ay, ay, ay, ay.
    Esa imaginación tuya.
    Tengo 2 opiniones:

    1) Me gusta, bastante en realidad. Tiene ese toque tuyo para enamorar con las letras que siempre me ha gustado. Puedo sentir a quien relata, su pasión, el fervor y su desesperación. ¡Bien!

    2) Será que tengo sobrecargado el estómago, pero casi vomito al final. Culpa de mi vívida imaginación para darle imágenes a las palabras. Qué fuerte.

    Gracias por escribir 🙂

  2. Una disculpa retrasada por ese sentimiento de nauseas pero quizá es la meta lograda después de todo,

    Y siempre es grato saber que lees y te gusta lo que escribo.

    Gracias a ti por leer.

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