Girasol

Estándar

Intentábamos, desesperadamente no correr desnudos por la calle.
Últimamente la necesidad de atención había incrementado.

“splash” y una mosca más moría en la cortina. “splash” otra más dejaba el último suspiro. “golpe al viento” y caía otra que aún agonizaba y zumbaba sus últimos deseos, concedidos, muerte instantánea con una suela de dudosa limpieza.

Sin importar cuántas matáramos al día, seguían regresando a la mañana siguiente o por la tarde, no lo sé, no logro recordar si es hoy o es mañana y, realmente, la limpieza obsesiva de mi mujer me hacía creer que habría otra razón por la cual seguían regresando para darme algo más entretenido que hacer, más que aquel viejo periódico de un sábado en el que una pareja murió por envenenamiento de gas en su hogar, lejos de la ciudad y cuyos cadáveres fueron descubiertos por su nieta.

Lo que me hace recordar que Regina, mi nieta,  ha dejado de traernos girasoles a los cuales recuerdo con ecos pegados a la pared cada día al atardecer.

“Seré siempre el girasol rebelde que deje de mirarte, Sol, para así morirme de poco a poco, sin una luz, sin un descanso. ¡Oh bella flor, maldito Girasol”  

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