Un Piano

Estándar

Un vagabundo, escoria de la sociedad, marginado de la misma; los hombres invisibles que todo mundo nota. Eso mismo soy yo ahora, en el presente tiempo “hoy” del horario oficial; no siempre fue así. Yo tenía una familia, amigos, trabajo, una vida, un hogar pero esa maldita enfermedad de estar obsesionado con la belleza del cuerpo humano me llevó a mi actual situación.

¡Qué desgracia tan afortunada para la sociedad! Se ha perdido en los laberintos de la locura un sociópata empedernido, dedicado al noventa por ciento en su papel de actuación para esta obra llamada vida; mientras el otro diez por ciento se malgasta en las memorias documentadas que usted está por conocer.

¿Por dónde comenzar? ¿Se interesaría más en mi vida gris de sociedad normal o en la razón de mi vida como vagabundo? ¡Claro! El morbo va a las razones personales ¿Cierto? ¿Qué lleva a un hombre a abandonar todo para vagar sin rumbo por los senderos del mundo?

Pues bien, todo comenzó – ¿o terminó?- hace exactamente siete mil novecientos veinte días y quince horas, al inicio de este relato; cuando una melodía de piano me atrajo a subir las escaleras de un edificio con nostalgia coloquial hasta un apartamento. La puerta se encontraba entreabierta y las notas musicales salían danzando ballet, triste y trágicamente, de la habitación dando vueltas y saltos hasta enredarse en mis cabellos.

Me incitaban a entrar y verlas bailar más de cerca y admirar a su creadora…No me resistí, entré tímidamente sin hacer un solo ruido y la vi, sus cabellos largos hasta la cintura caían por su blanca y desnuda piel. Era tan blanca que al reflejo de la luz podía cegar con una sola mirada.

Caminé hipnotizado y por mera intuición hacía ella, que hacía movimientos encantadores con su espalda al compás de la música – yo no sé mucho de música y el que nació ese día tampoco, pero nos hicimos admiradores fervientes de su belleza, de la música, de ella-.

Caminé hasta estar a dos suspiros de tocarla y el último paso hizo crujir la madera del piso cortando tajantemente la hermosa melodía. Inmediatamente ella se volvió, encontrándome y escapando como el aire a esconderse ahogando un grito del psicópata que pudo creer que era; pues claro estaba desnuda, eso lo dije bien, sí, tocaba el piano completamente desnuda y no fue sólo su cuerpo perfecto lo que me enamoró, aún no lo sé, sólo sé que no puedo sacarla de mi mente. Sí puedes, pero no quieres, claro fue nuestra primera obsesión y las cosas no terminaron ahí. Permítame contarle el restante de ese día en el que “nací”.

Mi compañero y amigo, aquí presente, se enamoró instantáneamente de ella y yo salí a defender la razón que, hasta ese entonces, se encontraba oculta. Lo recuerdo bien, sí hace 22 años de eso:

“- Ella es hermosa ¿Acaso no lo puedes ver? La espanté y quizá no salga de su habitación, tal vez ya esté llamando a la policía y nos llevará a la cárcel, no quiero ir a la cárcel, soy muy joven y tengo sueños ¿qué voy a hacer? –

-Tranquilízate y déjame hablarle, camina y acércame a su puerta, no te exasperes y da un paso a la vez, no queremos parecer torpes y espantarla aún más-

< ¡Señorita! Disculpe, no quise espantarla, la puerta se encontraba abierta y su música me atrajo, lo lamento mucho, no volverá a pasar. Me retiraré aunque temo por usted, no soy un psicópata pero parece ser que su puerta principal no cierra y cualquiera puede entrar, como lo hice yo. Por favor permítame repararla, sólo necesito un poco de herramienta o si le place puedo llamar a alguien para que lo haga, si tan sólo me prestara su teléfono yo… >

< ¡Largo de mi casa pervertido! >

< Lamento el inconveniente yo solo quería admirar su música, yo…>

< ¡Fuera de aquí o llamaré a la policía! >

– ¡Lo vez! Estamos perdidos, correré, déjame correr ¿por qué no puedo moverme? ¡Huyamos! –

– ¡No! Calla, no huiremos, tengo planes para esto ¿Acaso no la quieres? lo sé, sé lo que sientes ¿Lo olvidas? –

-Lo vez, la has hecho llorar, su voz sonaba temblorosa, quizá es el miedo que le damos, vámonos ya-

– ¿En serio nos vamos? Creí que no tenías intenciones de irte-

-¡Calla! Nos escuchará… ¿vez? Si murmuramos las cosas así, sólo tú y yo escucharemos, nadie más tiene que enterarse de nuestras conversaciones-

– ¿Así está bien, quieres que baje más mi tono? ¿Nos esconderemos aquí? ¿No entiendo, por qué? creí que nos íbamos.-“

Justo después, ella salió de su habitación con una secadora de cabello en las manos tomándola como arma. Se escondía entre los muros y las sombras de su propia casa vacía, cosa graciosa ¿saben? Ah, claro, noté que más personas se acercaron a escucharme, continuo… El escenario era fantástico, idóneo, tenía grandes ventanales sin cortinas, las paredes eran color arena –si es que eso existe- no había nada más en ese espacio, sólo un gran piano negro –Típico- y una pequeña maceta de la cual emergía una, nada agraciada, flor naranja; sus pétalos estaban siendo comidos por los animalejos pequeños que las devoran, olvidé su nombre pero son pequeños y feos de un color alg… ¡ouch! La historia, claro.

Nosotros nos escondimos en la cocina que estaba junto al pasillo donde estaba su habitación, escuchamos sus pasos aproximarse, lentamente hacia nosotros, yo no supe en qué momento él lo planeo, no sentí dudar nada, sólo me dijo que lo dejara hacer todo, que él se encargaría y tan pronto como me di cuenta mi bella doncella estaba en el piso y la tersa piel blanca de su rostro se adornaba con hilos rojos de sangre.

Pude admirar la escena bien ya después pero… Déjame contar esto a mí, en realidad lo disfruté y no digas que tu no, porque lo sé, lo disfrutamos mucho.

En cuanto vi uno de sus pies asomarse por el pasillo me abalancé sobre ella con la tonta maceta y se la reventé en… ¡qué gracioso! Lo vengo notando… se la reventé en la maceta. Obviamente cayó fulminada por mi encanto y el golpe, pudimos observarla con detenimiento y entendí por qué estaba enamorado, perdón, está enamorado de ella.

Su rostro era realmente hermoso, las facciones finas y delicadas como las de un infante que ha crecido fuera de la sociedad, sin ser perturbado ni un poco por ella; su rostro transmitía inocencia pura y una tranquilidad preciosa.

¿Que si la maté? Claro, es lo que se podría pensar, entiendo tu pregunta pero permíteme continuar.

El golpe con la maceta no la mató y aunque yo hervía en ganas de hacerlo, de matarla lentamente mi tonto amigo me detenía cada que intentaba convertir mis manos en un collar muy apretado para ella:

“- No puedes hacerlo, es una vida y no podemos andar por ahí matando gente, es inmoral ¡Está mal! –

– ¿Quién dice que está mal y por qué? ¿no lo hacen todo el tiempo? cada día hay miles de muertos en el mundo, asesinatos, torturas, “accidentes” ¿por qué ellos no se detienen y piensan lo mismo que tú? –

– No, no, no lo sé, yo simplemente creo que está mal, algo me dice que está mal disponer de la vida de alguien más, cuando a mí no me gustaría que me mataran ¿Por qué lo habría yo de hacer si no quiero que me lo hagan? –

– Buena esa, pero yo no pienso así, tú has tenido control desde hace mucho y yo me he reguardado en tu mente desde aquel momento que, por “Accidente” mataste ese cachorro, una parte de ti, es decir yo, lo disfrutó, disfrutó ver la sangre correr por mis manos, nuestras manos, es eso ¡La sangre! Es vital y nosotros la teníamos a chorros por todos lados ¿no te excita? –

-¡Calla! No es posible que digas eso ¿Eres un enfermo? –

– Somos, mi estimado, somos-“

Él era débil pero poco a poco se fue acostumbrando a mi presencia, a mis gustos y se fue a adaptando a ellos, porque… ¿Que qué pasó con la chica? Al parecer su morbo es infinito, quise omitir los detalles ya que hay niños presentes, es el horario familiar aún.

¿No importa, los niños ya se van? ¡Increíble! Pues bien continuaremos, ella estaba inconsciente aún y yo la admiraba, tocaba hermoso su rostro y lo llenaba todo de sangre, me llevaba las manos a la cara para compartirla y con mi boca recorría todo su rostro, su cuello de marfil, sus hombros afilados. Como un desesperado la despojé de su bata de seda suave para descubrir su bello cuerpo, sus senos pequeños pero hermosos, sus caderas ajustadas y sus piernas tersas; toda ella me enamoró con su delicada piel de durazno blanco.

Con mis manos la acaricie por completo, ella no se movía en absoluto y el simple hecho de combinar mi pasión, la sangre y el cuerpo de una hermosa mujer postrada a mi disposición me excitaba al grado de desbordar mis maléficas intenciones y llevarlas a cabo.

El éxtasis me llevó a la locura, besé cada centímetro de su cuerpo, incluso me corté el brazo derecho con un cuchillo que encontré casualmente en la cocina, para combinar mi sangre con la suya para así poder poseerla. Sí, con poseerla me refiero al acto sexual, la penetración, el acto sexual no consentido por su parte y lo que hermosamente llaman “violación”.

Mi querido amigo, aún débil como les decía, intentó detenerme al momento de cortarme, cuando comencé a excitar mi miembro, cuando me tocaba y la tocaba, cuando la comencé a violar; obviamente no me detuvo y sólo sentía como a partes me invadía su sentimiento de asco, de miedo y remordimiento y, a decir verdad, me excitaba aún más; era una clase de violación doble, la de la muchacha y la de él.

Mientras seguía violándola la tomaba del cuello y justo al punto de mi éxtasis ella despertó. No sé si gritó de pasión o de dolor pero ahogué sus gritos cortándole la lengua con mucha dificultad, pues aunque aún se encontraba débil del golpe, pudo pelear un poco, claro, soy hombre y en ese tiempo era fuerte y viril. Con la lengua me llevé un poco de sus labios hermosos pero logré que con la sangre que caía por su garganta dejase de gritar; después la comencé a ahorcar mientras seguía penetrándola para culminar en un hermoso orgasmo, el primero que realmente disfrutamos.

Respondiendo ahora, sí, la maté pero no nos deshicimos de su cuerpo, lo dejamos en la misma posición en la que la encontramos, frente al piano, con las manos en el teclado pero sin música bella más que la que íbamos tarareando al salir de ahí.

Después de eso y hasta la fecha, seguimos fieles al recuerdo de la melodía de un piano, para encontrarnos, quizá con alguna otra dama que satisfaga su memoria. No la hemos encontrado tan exacta a sus facciones y habilidades pero seguimos en busca.

Puede o no creerme, quizá sea un loco más que cuenta historias para conseguir dinero y sí, puede que las invente o quizá las recuerde, pero usted no tiene por qué saberlo. Nosotros ya somos viejos para seguir con ese ritmo pero en su momento fue lo mejor que hicimos.

–Aún lloro en su memoria y sé que te repudia que lo diga pero lo tienen que saber, hay alguien que le llora y soy yo mientras que tú te excitas cada que traigo su figura a nuestros recuerdos –

-Pobre iluso a cada una de ellas le has llorado y seguro no te acuerdas de cuántas eran ya-.


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