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Esbozos tristes del ayer

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Línea A a línea B, un principio, un final, siempre un círculo vicioso que parece nunca terminar, sin embargo comienza de la misma forma en la que termina, sin un final.

La nostalgia es una tonta compañera que atrasa y hace pesados mis pasos, la odio!

Pasé tres días en la ciudad, caminaba vagando de un recuerdo borroso a un borroso recuerdo sin regresar sobre mis pasos. Recordaba el sonido de la ciudad en Madero, los tambores de la plaza y sus danzantes, el olor a café de Donceles, el aroma a humedad de sus librerías, la textura de cada página amarilla en sus libros, el silencio hipnotizador de ese pasillo en especifico, dónde quise besarle y presa del pánico huí.

El tercer día, decidí ir a ver la calle en la que solíamos caminar – él y yo – tomados de la mano sin decirnos una sola palabra hasta sentarnos en nuestra banca favorita, subíamos los pies a la misma y él me abrazaba mientras mirábamos el viento llevarse las hojas de otoño – Siempre me pregunté cómo sería ver el verde de los arboles con él, nunca llegó una primavera a su lado, mucho menos un verano –

Entonces él comenzaba a platicarme su día, su vida cuando no estaba a mi lado, me contaba que cada día pensaba en mí, no de la forma obsesiva, me aclaraba; cada qué hablaba yo sentía su aliento retumbar y perderse entre mis negros y largos cabellos, hasta llegar a mi nuca como un suave y delicado susurro, una caricia de su voz.

–          Liu ¿te das cuenta que, desde el día en que nos conocimos, sólo he venido por una semana el año pasado y llevo tres días aquí y no puedo dejar de pensar en ti? ¿Cómo es eso posible? –

–          No lo sé, es raro, yo no pienso en ti a todo momento, sólo cuando estoy triste y quiero estar feliz, no te ofendas es la verdad, me evocas tristeza. –

–          ¿Por qué? Yo pienso en ti y sonrió.

–          Porque vives en un mundo irreal, la vida es terrenal y sabemos que te irás, no sé a dónde, ni tú mismo sabes! –

Pocas veces, pero recurrentes tuvimos la misma discusión, él tenía que irse con su familia, su madre viajaba mucho y no conoció a su padre, tenía tantas ganas de verlo y reclamarle tantas cosas, pero más que eso quería conocerlo, sabía que tenía algo de él, de su padre, que en parte gracias a él, era como era.

La discusión nunca paraba hasta que él me besaba y me decía que pronto terminaría la preparatoria y se vendría al distrito a vivir conmigo. Éramos jóvenes y tontamente enamorados, apenas conocíamos datos básicos de nosotros, pero sentíamos conocernos de siempre.

Aquel día en su casa, cuando nos conocimos con mi extraño aroma a alcohol, me confesó que era el último día que estaba en esa casa, su madre y hermana habían partido horas antes de mi llegada a casa de unos familiares y él tendría que alcanzarles a la mañana siguiente. Hablamos por horas en la obscuridad, mi mayor temor era cerrar los ojos y quedarme dormida, sabría que al despertar me encontraría completamente sola, completamente sola.

Así fue, cuando desperté ese día encontré una nota suya pidiéndome disculpas por no despedirse pero no quería despertarme, que podía tomar lo que quisiera de comer y por favor cuando saliera cerrara con llave y me quedara con la llave. “Sé que se te hará raro que confíe tanto en ti como para dejarte la llave de mi casa, pero no tengo razón alguna para no hacerlo, en un par de semanas irá alguien a esa casa, la rentamos en esas fechas, espero no recibir noticias de que se han llevado todo lo que había”

Al año siguiente le regresé la llave y salimos a charlar. Sólo fueron dos años como esos, el tercero, lo esperé día tras día en los columpios frente a su casa, Torpes enamorados alienados de la tecnología! si hubiera tenido su celular no estarías leyendo esto  y sin duda no lo estaría contando, quizá todo sería igual.

Tomé mis cosas y me fui dejando esos columpios, esa banca, ese otoño, uno más a la cuenta sin él. Regresé a Aguascalientes con los ánimos destrozados pero con la esperanza de Raúl, de mis “amigos” de mi vida sin mí, de esa vida que nunca imagine en sueños, sin él, sin nada, pero tratando de hacerla con todos.

Abrazame, aunque sea a distancia

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Abrazame
que en esta noche no consigo
dejar de temblar de frio
que ya basta del castigo
de estar sin tu corazon.

Abrazame
que nunca supe acostumbrarme
a los sweteres de estambre
que no se como taparme
sin tus manos, sin tu piel.

Abrazame que tengo frio
que estoy vencido
que estoy cansado y herido
que no importa si me dices
que he perdido ya lo se.

Abrazame
que no se como sostenerme
sin tus brazos sin tu vientre
sin tu risa de repente
sin esa mirada ausente
sin tu mano al caminar.

Abrazame…

 

Sin tu corazón, sin ti, corazón . . .

-Buenas noches Liu, me retiro pero te veo en la cafetería en un par de días, que disfrutes tu noche – Me dijo Don Arturo al levantarse de mi lado y marcharse. Era increíble cómo podían pasar varias horas en cuestión de minutos y cómo nos contamos todo sin decir una sola palabra.

La tarde estaba por convertirse en ese término medio que pinta de naranja el cielo, en dónde el viento acaricia nuestra piel con un leve susurro de frío, ese exacto momento del día que encanta a cualquiera, crea nostalgia, cursilerías en algún balcón de la ciudad, crea expectativas falsas de la noche, ese momento del día perfecto.

Me encontraba sentada a la sombra metafórica de una estatua, cuando llega uno de esos hombres pandrosos que hacen trenzas, pulseras, etc. Los que nunca fallan en las explanadas citadinas; yo simplemente veía al vacío, cuando se aproximó más a mí y me dijo que si podía robarme un par de minutos

· ¡Claro! Aunque si el tiempo es oro, con sólo un par de minutos le di una buena limosna al muchacho·

-Sí, dime – Le contesté esbozando una leve sonrisa en mi rostro.

Después de su labor de convencimiento fallido se sentó a mi lado a “querer conocerme” con preguntas típicas de ligue y, obviamente, no podía faltar el clásico “¿y qué dice el novio?”; lo que me hizo recordar todos esos hombres que han pasado por mi vida amorosa – que en realidad no eran muchos – contestando un “no tengo” sin expresión facial.

-¡Uy amiga! ¿Y eso? – me dijo sacándose descaradamente un moco de la nariz (si no de dónde más) lo cual me hizo seguir aquel individuo entre verdoso y amarillo hasta fundirse con su pantalón.

-Pues ya ves – le contesté sin muchos ánimos.

Después de varias evasivas más a su intento de seducirme, me pidió le mostrase mi mano, cuando la tomó vio en ella “algo”.

-¿A quién extrañas nena? –

– ¿Extrañar?, no, a nadie . . .

¿A quién extrañaba? A todos, me sentía en el limbo de todo, no encontraba mi hogar en ningún lugar dónde me quedara por mucho tiempo. Qué más podría esperar de una acción cómo la mía, huir, ser cobarde, seguir instintos que hasta ahora habían sido inútiles, vanos y decepcionantes. Nada más que errores.

Entonces recordé la noche en que lo conocí. Había asistido a una de esas fiestas urbanas donde la gente sólo se embriaga y baila descontroladamente sin razón aparente. No recuerdo por qué fui, después de varias copas y con las mañas para pasar el tiempo, agotadas, salí de la casa dónde estaba la fiesta, no era muy noche y aún así casi no se veía gente por la calle.

El ambiente se tornó un poco azul pálido, desde el piso hasta medio cuerpo se podía apreciar el leve color de la neblina cubriendo la ciudad; mi nariz comenzó a colorarse de un carmín que se acentuaba en la punta de la misma, mis dedos tomaron un color lila con mayor coloración alrededor de las uñas; cerca de mi rostro al respirar podía ver el vapor emanando de mí. Era una noche hermosa a mi gusto.

Caminé tratando de encontrarle sentido al día, perderme tal vez, quizá encontrarme, que me robaran o mataran era una de las cosas que más anhelaba en esos momentos. Caminé por varias horas hasta que mis pies dejaron de obedecer a mi mente y me senté en un columpio abandonado.

–          Creo que no es hora apropiada para jugar en estos lugares ¿no cree señorita? – me dijo su voz, era profunda, educada, elocuente y sarcástica.

–          Supongo que no, pero tampoco sería hora adecuada para usted –

–          Lo sé, te vi desde mi ventana, pensé que quizá te gustaría calentarte un poco, quizá un poco de café y un abrigo más grueso, podrías enfermar.

Confiar, no confiar. No importaba mucho, era tarde, tenía sueño y sinceramente no tenía la menor idea de mi locación.

–          Claro, por qué no – Asentí encogiendo los hombros un poco e inclinando mi cabeza.

Entramos a su apartamento, era pequeño y muy acogedor, tenía un hermoso balcón de donde se veía media ciudad entre nubes de neblina, era hermoso. Pasados unos minutos me ofreció una taza de café caliente, una cobija y me sugirió sentarme en el sillón grande, podía subir mis pies y acurrucarme con la cobija. Hizo varios comentarios acerca del clima, de lo importante que era la salud, de temas tan cotidianos que aún conservo en mi memoria.

Comencé a quedarme dormida mientras él me comentaba cosas sin importancia, cuando notó mi falta de interés me ofreció dormir en su habitación.

-Puedes quedarte en mi cuarto, yo dormiré aquí, en el sofá –

-Sí, gracias, ¿por dónde es? –

Nos adentramos en el pasillo cuando la luz desapareció seguida de un estruendo y una ráfaga de viento repentina, sin pensarlo y presa de un sobresalto, tomé su brazo y seguido su mano fuerte y suave, una extraña combinación para un hombre.

–          Lo siento, me espanté –

–          No te preocupes, fue agradable. – Me dijo trazando en su rostro una sonrisa leve y un poco de rojo en sus pómulos. Su piel era blanca y tersa, sus labios rosas pálidos, su nariz recta y grande, sus ojos eran obscuros y profundos. De un momento a otro me perdí en esos sus grandes ojos fijos.

Llegando a la habitación me mostró la cama casi golpeándose con todo lo que podía, tomó mi mano y la sujetó con fuerza para evitar que yo me golpeara de la misma manera que él. Al encontrar ésta me senté en el borde sin soltar su mano, era imposible que siendo una fiel NO creyente de la atracción sentimental a “primera vista” no pudiera soltar su mano por un extraño presentimiento.

–          Si gustas puedo quedarme hasta que te duermas –

–          No quiero ser una molestia, ya mucho has hecho con darme asilo, estaré bien –

–          Al contrario, sería un placer. –

Me recosté en la cama y él se quedó al filo de ésta, mirando hacia la ventana dónde se colaba la luz amarillenta proveniente de la calle. Sin pensarlo tomé su brazo e hice se recostara junto a mí, él no se opuso y dejó que lo guiara a la posición que yo deseaba, frente a mí.

Nuestros rostros quedaron enfrentados, próximos y borrosos, mientras mi corazón se agitaba de emoción cada que él me miraba y sonreía. No podía creer que esto me estuviera pasando a mí.

Pero pasó, quizá el hombre de las trenzas tenía razón, quizá su sola presencia marcó mi vida, dejando, con su ausencia, la marca que él vio en mi mano, un profundo sentimiento de nostalgia.



Huir para encontrar

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Cuando nos ocurren cosas malas corremos a refugiarnos del mundo, queremos desaparecer y quedarnos en cama, bajo las cobijas con tan sólo una linterna y galletas de animalitos. Para mi desgracia o fortuna, yo no gozaba del beneficio de la soledad.

– Liu! Ya sal de tu cuarto, vamos a ver una película, vamos al parque, no sé! Estoy aburrido, quiero salir – me gritaba Cesar del otro lado de la puerta.

– ¡No! No quiero, déjame sola por favor –

Después de un par de intentos fallidos, Cesar salió de la casa gritando que iría al teatro; eso me hizo recordar que hace apenas dos días había pasado la peor vergüenza de todos los tiempos con el hombre que me traía de cabeza.

Recuerdo que ese día huí, siempre he hecho lo mismo cuando no tengo valor para decir, hacer o dejar de hacer algo, lo hice con mi familia, no pude arreglar las cosas en mi mente y culpe la situación huyendo de casa, dejé notas cobardes, escape como una pequeña sabandija sin remedio y con un complejo de culpa enorme. Aún no logro definir si la culpa fue el detonante o el resultado de mi huida.

Hace varios años, en mi infancia, tuve mi primer encuentro con la cobardía que yace en mí. Me encontraba en la primaria, jugábamos “verdad o reto”, no sé por qué razón elegí reto, pero lo acepte; tenía que hablarle al niño que nos gustaba y decirle que me gustaba mucho y preguntarle si quería ser mi novio. Caminé decidida a cumplir mi misión, mis pasos eran apresurados y disminuían al acercarme a él, justo cuando lo tenía de frente mis labios se abrieron para pronunciar algo que no lograba salir de mi garganta; sólo emitía sonidos tontos y él comenzó a reírse de mí, así que me eche a correr a los baños de niñas. Por suerte sólo tuve que soportar medio año de ser “gallina”, hasta que salí de la primaria.Fue una mezcla entre extrañar a mi familia y mi complejo de gallina lo que hizo mi decima, onceava o no sé qué número, partida.

Empaqué lo necesario únicamente y tomé un autobús al DF. Mientras iba en el camión recordé el primer viaje a Aguascalientes, el señor que iba del distrito a su casa, recordé el libro rojo que cargaba con él y no pude evitar preguntarme en qué otro lugar había visto un libro similar. Sin más importancia me quedé dormida en el camión.

Seré una persona cobarde pero aún conservo algo de orgullo, así que no podía permitirme regresar con la cola entre las patas, como se dice, e ir a casa, así que me limité a pararme, con un “discreto disfraz” fuera de la que era mi casa a ver cómo estaba mi familia, ver a mis seres queridos, saber si estaban vivos aún, si tenían algún nuevo integrante o algo parecido.

Pasaron tres horas hasta que de la puerta azul marino cruzando la calle salió una niña rubia con un señor joven, ninguno de ellos era de mi familia, tras ellos salió una mujer de treinta años aproximadamente y un adolescente barroso. No reconocí a ninguno, por lo que me acerque al chavo y le pregunté si ellos vivían ahí.

– Sí, ¿Por? – me contestó eufórico, bueno en realidad con tono de adolescencia típica, es decir, sin mucha importancia y abriendo muy poco la boca.

– Yo vivía aquí hace algún tiempo, ¿sabes qué le pasó a la familia que estaba aquí antes? –

– Noup, adiós –

– Yo sí sé! Mi papi y mi mami compraron ésta casa hace poquito, me gustaba el perrito que tenía la niña que vivía ahí, su perrito y mi perrita son novios!! – Me dijo sonriendo la pequeña rubia hasta que llegó su mamá y conversó conmigo, me contó que veían cada semana a mi familia para cruzar a los perros.

– De hecho la muchacha vendrá pasado mañana ¿los conoces? –

• Sí, soy la hija perdida, no ve la semejanza entre nuestros rostros????? •

– No, una amiga me dijo que viniera a ésta dirección, que encontraría a una joven de ventitantos y tenía que entregarle un recado, pero gracias, veré si puedo venir en dos días, si no pues tendrá que venir mi amiga a conseguir la nueva dirección, no estaré aquí por mucho tiempo, pero bueno yo . . . –

– Pues yo tengo la dirección, nos hicimos buenos amigos de ellos, la familia, aquí tienes, ésta es la dirección – me dijo mientras terminaba de apuntar algo en una pequeña agenda verde, al finalizar arrancó la hojita y me la dio.

Sin pensarlo mucho fui al lugar que marcaba el papel, me paré de la misma manera, está vez detrás de un coche cruzando la calle, era una casa muy bonita, más grande que la anterior y con ventanales preciosos. Esperé ahí poco hasta que salió mi hermana, la vi de lejos subirse a un camión que iba al centro de la ciudad.

Fue bueno verla, pero no podía seguirla, nunca fui muy buena para ocultarme así que me fui por mi parte a Bellas Artes, esperaba encontrarla por “accidente” pero no pasó, el verdadero accidente llevaba un sombrero familiar.

Triste, me senté en una de las jardineras que están frente al palacio, después de unos minutos una voz que hacía perdida se dirigió a mí.

– Así que me encontraste ¿o te has perdido nuevamente Liu? –

– ¡Don Arturo! – le grité al mismo tiempo que lo abrazaba – No vine aquí por usted, yo sólo, bueno, ¿qué hace aquí, dónde ha estado, por qué se fue sin decirnos motivos? Digo no es que nos tenga que rendir cuentas pero nos preocupamos, aunque no lo crea nos hemos, me he encariñado con usted . . .

– Liu, Liu, para de preguntarme tantas cosas y mejor disfruta del panorama de la ciudad, tendremos tiempo para conversar después –

Entre mariposas y nauseas

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-¿Me amas?-

– No me vuelvas a preguntar eso, no estaría aquí contigo de no ser así, no estaría besando tus labios, tocando y acariciando tu suave piel, no estaría mirándote a los ojos perdiéndome en el obscuro y hermoso infinito que veo en ellos; Ely, jamás vuelvas a preguntarme si te amo o no, la respuesta es tan obvia y redundante que mis besos, mis caricias, el simple hecho de estar contigo sobrarían, Ely, Ely, Ely. . .  –  me decía la voz de hombre que acariciaba mi oído, me llamaba Ely y yo sentía responder a ese nombre, mientras lentamente las letras comenzaban a cambiar y la voz de hombre seductora y protectora cambiaba a un tono familiar y apresurado.

– Liu, Liu!! Despierta, hay fuego en la cocina, ¿Dónde está el extinguidor?, Liu!!! – Me gritaba Cesar moviéndome de un lado a otro, golpeándome sin mucha fuerza el rostro para despertar, después de un par de intentos cesó para minutos después despertarme con un vaso de agua helada en la cara –

– ¡¿Qué te pasa?! Me voy a enfermar, ¿Qué Demonios quieres?, es mi día libre déjame dormir en paz, por favor –  dije mientras volvía a acurrucarme en mis sabanas tapando totalmente mi cara, segundos después recapacite las palabras exactas de Cesar, “hay fuego en la cocina”, me paré como loca y corrí al cuarto de lavado por el extintor, cuando el fuego y el peligro pasaron nos sentamos en la sala con cara de no saber qué había pasado, en realidad yo no sabía que había pasado, actué sin pensar y cuando mi mente comenzó a funcionar cuestione a Cesar, ya que no era una tortilla quemada, era media cocina en fuego, algo café embarrado en el techo, dos sartenes en la mesa y el mantel que me había regalado Doña Chole del mercado estaba casi consumido por las llamas, lo único que contestó fue que había olvidado el desayuno mientras hablaba con su novia por teléfono en la azotea y el trapo para limpiar, las servilletas y demás cosas que se podrían quemar estaban peligrosamente cerca del fuego.

– Te das cuenta ¿que si no hubieras abierto la ventana de la sala y el humo te avisara que hay fuego pude haber muerto?, además estaba teniendo un sueño tan lindo y odio que me despiertes tan temprano, soy de carrera larga yo duermo hasta las doce, no tengo la culpa de que tu estés loco y te despiertes a las ocho de la mañana y quieras hacer y deshacer todo, aparte ¡ve la cocina como quedó!, la verdad que no pienso lavar nada de eso, fue tu descuido así que tu limpias, aparte, CESAR, mi mantel! Era un regalo, ¿Qué le voy a decir a Doña Chole, cuando vea que su mantel no está?, en su vida me vuelve a regalar una manzana de esas verdes que me encantan, Mi sueño, alguien me decía Ely, no sé porque, ¿quién es Ely?,¡¡Carajo Cesar!! – una vez terminado mi teatrito histérico fui a mi cuarto a cambiarme y salí del departamento, bajé por las escaleras donde me encontré con Kit, a quien estaba evitando por obvias razones.

-Liu, hola, hace tiempo no te topaba, tu compañero de piso me decía que salías muy temprano o aún seguías dormida, aparte de que nos fuimos, Raúl y yo, a hacer unas presentaciones a Guadalajara, te traje un Tequilita delicioso, ¿Qué tal si nos echamos unos caballitos en la noche y nos ponemos al día?, ¿Qué dices? –

Con un humor de pocas pulgas, sin desayuno y algo de intoxicación por el humo no me fueron de ayuda, lo único que hice fue mirarla con algo de enojo y marcharme, fue muy grosero, hasta para mí, pero en esos momentos no tenía cabeza para pensar que quizá estaba enamorada de mí, que Raúl no tenía interés alguno en mí, que Don Arturo seguía desaparecido y el mantel tan bonito de Doña Chole había quedado arruinado; Una terrible mañana y Kit me hablaba de tequila.

En muchas ocasiones y en varios lugares vemos gente sentada viendo un punto fijo en el infinito, inertes y en silencio, como si no estuvieran ahí e inmediatamente pensamos que están “idos” que no están consientes de lo que está pasando a su alrededor y simplemente apagaron su mente unos segundos, minutos o hasta horas enteras; Yo era una de ese tanto de personas, sentada con una lechita en cuadrito en una mano y unos pastelitos en la otra, un desayuno rico y nutritivo, según los comerciales. Mi mente vagaba en tantos lugares y a la vez en ninguno, yo sólo estaba, sin pensar, ni moverme, vegetando simplemente en una banca del pequeño parque, cuando al fin salí del trance comencé a pensar en mi sueño, en lo real que se sentía y en la voz y sentimiento tan familiar, Ely, Ely, ¡ELEONORA! Tal vez de tanto pensar en ellos se habían colado entre mis sueños, dejando mi imaginación a volar en sus historias.

La sensación de sentirse amada y cerca de alguien me hacía recordar y extrañar a mi familia, en quienes hace tiempo no me permitía pensar, en mi padre, lo que me hizo recordar la nota que le dejé.

“Padre

No sé cómo tomes esto, pero no soy feliz aquí, siento que mi camino me lleva a lugares siempre lejos de tus pensamientos, de ti, de la familia y odio pensar que tal vez cuando leas esto te enojes y quieras que vuelva, mientras por dentro lo único que sientes es decepción.

Casi entré a la carrera que juntos habíamos elegido como mi mejor opción y el saber que lo abandoné todo por nada te decepciona tanto, sé que sí, ya que siempre quisiste lo mejor para mi, pero lo mejor para mí no es una carrera, es ser feliz, a eso vine a este mundo padre, a ser feliz y me duele tanto que no pueda ser a tu lado, algún día podre explicarte mejor todo esto, la razón de ser tan cobarde y huir en vez de irme diciéndote todo de frente.

Lo siento tanto, pero siempre te amaré y espero tú a mí también.

Liu”

Parecía que leía la nota en mi mente y cuando termine de “leerla” rompí en llanto, lo extrañaba tanto y comenzaba a cuestionarme si en realidad esta era la “felicidad” por la que había dejado a mi familia y aunque así lo fuera aún no lograba sentir esa felicidad en mí.

Aún sentada en la banca del parque con la leche a medio terminar en una mano y medio pastelito en la otra seguía llorando bajando sólo la cabeza sin bajar mis manos, como si estas fueran opuestas de una balanza; mi figura desalineada, a medio comer y llorando, a la distancia daba lástima, al cabo de un tiempo sentí que alguien se sentaba junto a mí en la banca, tomo el pastelito que tenía en la mano izquierda y me dio un pañuelo, era Raúl.

– Gracias –  le dije dándole el pañuelo después de sonarme fuertemente la nariz con él.

– Quédatelo – con un pequeño gesto de asco en su rostro, no lo culpo yo hubiera hecho lo mismo – ¿Por qué lloras, se puede saber? –

– Es sólo que extraño a mi familia, hace meses que no los veo, soy una mesera, cuando mi padre quería que fuera una licenciada, que terminara mi carrera y no soy nada, si lo supiera se volvería a decepcionar de mi, ¿Cuántas decepciones más tiene que soportar?, en todo lo que viví con él le di varias, bastantes a decir vedad y ahora aún estando lejos, le sigo dando decepciones, esto no puede ser así –

– Si te sirve de consuelo haces un café delicioso – me dijo tiernamente con una pequeña sonrisa en su rostro

Nos quedamos en silencio, yo moqueando, por unos minutos, vimos a los niños pasar jugando plenos, las mamás corriendo detrás de ellos con la típica frase “Te vas a ensuciar” hasta que finalmente Raúl dijo algo que cambio mi día.

– Sabes, creo que eres una gran persona, yo soy muy tímido para decir este tipo de cosas pero eres muy linda y me duele verte llorar, si eres de las que se ríen con el dolor ajeno, soy capaz de ir a estrellarme contra ese poste para hacerte reír –

–  No, por favor, moriría de la risa –

Nos miramos a los ojos por un rato mientras reíamos un poco para después quedarnos en silencio, acarició mi rostro, mi cabello y sonreía acercándose cada vez un poco más a mí, a escaso espacio de mi rostro se detuvo esperando que yo fuera hacía él, sentía entre mariposas y nauseas revoloteando en mi estomago, pero en realidad eran más nauseas que mariposas, antes de vomitarle encima corrí lo más lejos que pude de él.

El sabotaje de mi vida consistía en un plan maléfico del cosmos, la tienda donde compré mi nutritivo desayuno carecía de refrigeración y para mi buena suerte la leche tenía dos meses caducada.

Un Torpe, Torpe amor

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Los opuestos se atraen”, ¿será verdad?, tal vez en ciertos casos las personas que son casi idénticas están predestinadas a enamorarse, tal vez sea la necesidad de encontrarse con uno mismo lo que hace que nazca amor entre personas tan similares, porque nos vemos reflejados, tanto en defectos como en virtudes en la persona que tenemos frente o quizá el amor no tenga un patrón que seguir y simplemente cuando se da, se da.

Era casi imposible no darse cuenta que entre Dan y Lucy había tanta atracción y también mucha timidez y qué decir de la torpeza, Doña Carmen, la dueña de la cafetería y yo nos dábamos cuenta que cada uno por separado se moría por hablarle al otro, por declararse su amor, pero cada que lo intentaban era un caos casi como EL Apocalipsis y realmente no sabíamos que tantos problemas nos traerían, a la cafetería, que ellos anduvieran, ya que cuando alguien está enamorado es más torpe de lo normal y bueno ellos ya son expertos en esa materia.

Los peores días para la cafetería eran los lunes, miércoles y viernes de entrega, cuando Dan llegaba con los pasteles, brownies, galletas y demás repostería, ya que él trabajaba en la repostería tres calles al sur de la cafetería pero como buen muchacho de entrega pasaba más tiempo en su bicicleta con canasta de pedidos y en movimiento que de pie en la cafetería, él era realmente bueno y rápido para hacer entregas, el mejor, pero una extraña fuerza ajena a nuestras pequeñas mentes se apoderaba de sus piernas al ver a Lucy, se hacían de goma y casi siempre el pedido volaba por los aires al decir “Buenos días Lucy” cuando ella estaba cerca, afortunadamente después de las 3 primeras ocasiones logré adaptarme a su horario y me quedaba cerca de la puerta para cachar el pedido, normalmente una caja pequeña con dos pasteles volaba por los aires mientras una bolsa de papel mediana quedaba aplastada por Dan, así que cuando lo veía entrar tomaba la bolsa, daba dos pasos al centro de la cafetería y la caja caía justo en mis manos, mientras se escuchaba un fuerte y largo saludo para Lucy, al cual todos los clientes frecuentes, la dueña y yo respondíamos juntos “Buenos Días Dan” para proseguir con nuestros labores, rápidamente se hizo una graciosa costumbre.

Por el otro lado, el más difícil, Lucy era impredecible y como tal desastrosa, cuando no tiraba el café, tiraba los pedidos, otras veces olvidaba algún emparedado en el tostador o había pequeños accidentes parecidos, nada grave ya que no se le dejaba utilizar la máquina de café, la estufa y lo más grave que podría pasar a costa de ella era el pan quemado.

Una vez que el desastre de Dan terminaba comenzaban los pequeños descuidos de Lucy, lo más gracioso era su manera de comunicarse, parecía que Dan se mentalizaba toda la mañana para poder darle los buenos días a Lucy, para ella las palabras simplemente se quedaban atoradas en su garganta, su cara se ponía muy roja y el único sonido que emitía era una risa entre tímida y nerviosa, al finalizar su osadía ambos se miraban de re-ojo, se coqueteaban sin querer y cuando alguno quería decirle algo al otro, un silencio los interrumpía, era como cuando tienes una buena idea y justo cuando va a salir de tus labios te das cuenta que no es tan buena y paras en seco.

Doña Carmen y yo podríamos jugar a ser Cupido pero cada quien puede con su lucha y ellos debían de emprender la suya por su cuenta lo único que esperábamos era no morir en el proceso.

Sin sentido o con bastante

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En memoria de las tres almas que dejaron sus cuerpos el mes de mayo, los extrañaremos pero pronto estarán nuevamente en este juego al que llamamos vida.

Hace tiempo, cuando era pequeña, lo único que importaba era salir a jugar con mi mejor amiga, la que siempre ha estado a mi lado, sentarnos a ver el viento llevarse un conjunto de hojas secas, basura y colillas de cigarros, nos sentábamos en las escaleras del edificio donde vivíamos por horas a ver solamente el tiempo pasar.

Ocasionalmente jugábamos con los otros niños del edificio, de todos los juegos que podrían pasar por nuestras jóvenes y despiertas mentes, lo que mas disfrutábamos era jugar con la tierra, hacer pasteles de lodo y venderlos a la gente que pasaba por la acera, algunas veces nos aventábamos el lodo a montones quedando completamente sucios, era lo mejor que podría pasarnos, reírnos hasta no poder más.

Ahora ensuciarnos es algo que no da risa, ver solamente el viento es realmente aburrido, nosotros creamos la basura que otros ven; morimos tan lentamente que estos pequeños placeres u horrores son puntos negros entre las estrellas de la noche más obscura.

Habían pasado varias semanas y nosotros, hablando de las personas de la cafetería, mis vecinos y yo, seguíamos sin noticias de Don Arturo, lo que me hizo creer que tal vez me quedaría con tantas dudas, historias como la de Pablo y Eleonora se quedarían solamente en mi imaginación y a decir verdad lo extrañaba mucho, a pesar de todas las preguntas que seguían vagando en mi mente lo que más me dolía era no verlo.

Tanta tristeza no le importaba a la persona que me cobraba la renta así que mi pretexto no hacía sino aumentar su enojo al no recibir mi paga, después de mi turno en la cafetería salí nuevamente a la caza de empleos mal pagados en este pequeño pueblo en medio de la ciudad, era algo extraño, el pueblo tenía fronteras invisibles que nos apartaban de la gran metrópolis que estaba a sólo unas calles, la vibra en el aire era extraña al llegar a las fronteras, tal vez sea la paranoia de la ociosidad que me había estado acosando en los últimos meses, pero  si por alguna extraña razón tenías que salir del “pueblo” la gente te miraba muy extraño, las prensas se paraban y el silencio reinaba en las calles.

– Liu!!! – me gritaron mientras caminaba por la calle

– Liu, hola, qué haces por acá? – Estaba caminando por las calles de la cuidad, fuera de nuestra burbuja de pueblo, quien se acercaba corriendo era Cesar.

-Hola! pues estoy buscando empleo, tengo que encontrar algo rápido si no me tendré que poner a leer la mano en el parque mientras duermo en las bancas, temo que me correrán si no pago  pronto, no sé en qué estaba pensando al rentar un departamento tan caro yo sola, la verdad es que no puedo pagarlo, pero me encanta, la vibra que sentí cuando entre es inexplicable, como si perteneciera al amor de mi vida y cuando entro la sensación de sentirme protegida y querida crece, más en mi habitación, siento que las paredes me cuentan cosas entre sueños que no logro entender con la razón pero sí con el alma. –

– Bueno pues tal vez necesitas a alguien con quien compartir el piso para no tener toda la carga del gasto no? –

– sí, puede ser. . . ¡Ven a vivir conmigo!, nos conocemos desde hace 3 meses, tu novia vive más cerca de mi casa que de la tuya en las afueras del estado!, anda! – le grite efusivamente, para convencerlo traté de comprarlo con las promesas de helados, un trato justo en la repartición de los quehaceres, mi promesa de no andar por la casa en bóxers, algo que se me da mucho, hablar con su novia para dejarle claro que la amistad entre él y yo es puramente de “compadres”, hasta que finalmente aceptó.

Esto último me hizo pensar en que la creencia popular no cree que la amistad pueda existir entre un hombre y una mujer heterosexuales, siempre tratan de atribuirle algún tipo de atracción sexual, física o sentimentalmente, cosa que a mi parecer está totalmente errónea, así como entre los hombres o entre las mujeres puede crearse un lazo emocional de amistad-hermandad, entre un hombre y una mujer también se puede lograr siempre y cuando se sea sincero, así nos pasaba a Cesar y a mí, su novia tenía alguno que otro ataque de celos cuando yo estaba cerca de él o la gente de la cafetería, en su mayoría Lucy decían que entre él y yo había una onda sentimental.

Después de tres días de mudanza y acomodar las cosas del estudio que pasaría a ser el cuarto de cesar comenzó la tranquilidad, pagamos los meses atrasados, cosa que me costaría tres meses de lavar trastes seguidos, compramos algo de despensa y por fin hubo tranquilidad.

Entre la limpieza del estudio Cesar encontró las cartas que estaban dirigidas a Eleonora, después de leerlas me hizo contarle la historia que tenía, le conté todo lo que sabía, lo que quería saber y lo que suponía, lo más importante de esa conversación fue Don Arturo, cuanto lo extrañaba y todo lo que había pasado con ese cliente tan peculiar.

– Sabes, por lo que cuentas creo que conozco a Don Arturo, tal vez me equivoque ya que tiene mucho que se fue de vacaciones a España, siempre le gustó viajar así, sin fecha de regreso, es músico, dirigió algunos musicales en el teatro aquí enfrente, pero cuando yo llegue aquí a Aguascalientes sólo lo vi cuatro días y se fue, es mi abuelo, tiene el carácter del señor de la cafetería pero no sé si sea el mismo, hace años que no sabía de él.

Sin tomarle mucha importancia a su comentario continuamos con nuestras labores domésticas, esa noche medite al respecto y descarte la idea de que fuera el nieto del Arturo que yo conocía por caer en una coincidencia enorme, aún con que mi mente siguiera negando esa posibilidad mi intuición me decía que no podría descartar la idea.

Una ventana rota

Estándar

El pasto era de un verde intenso y brillante, podía sentir la humedad del rocío colarse por mi ropa hasta tocar parte de mi espalda, la sensación fría en ella me mantenía despierta con los ojos cerrados, el palpitar de su corazón bajo mi oído trataba de adentrarme, seducirme suavemente a quedarme completamente dormida, pero su voz, que para mi era una melodía de amor infinita y tan humana me mantenía entre ambos mundos. Podía sentir su brazo rodeando mi cuello y su mano acariciando mi espalda mientras su con su otra mano deslizaba suavemente su dedo indice por los bordes de mi rostro.

Me sentía feliz, tranquila, en paz, todo era perfecto hasta la intervención del horrible sonido en el cielo que tenía la forma de un reloj, lo mire expectante y de poco en poco me fue sacando del verde sueño hasta llevarme al borde de mi cama, como pude tome el despertador entre mis manos y lo lance hacía el infinito, aún no sabía donde estaban las cosas en mi habitación y por error fue a dar a la ventana cerrada, acto seguido el vidrio explotó por completo y lo único que logró fue enfadarme más.

Pude haber matado a una persona cuando salió volando mi despertador y yo seguiria dormida, esperando volver al hermoso sueño, un sueño que parecía tan real y a la vez tan irreal, es decir, podía sentir, oler, escuchar y aún así sabía que no era verdad, no era yo, al menos no era la ropa que yo tendría, ni el corte de cabello, ni conocía al hombre que abrazaba y que me cantaba, pero me hubiera encantado que fuese real, en fin, el vigilante del edificio tocaba la puerta y yo no conseguiría soñar nuevamente así que me puse de pie y me dirigí hacía la puerta, aún en pijama abrí la puerta.

– ¿Esta bien?, escuche que se rompió su ventana y salió volando su despertador, creo que ya no funciona, pero aquí tiene, aún le sirven algunas piezas – extendia su mano con el despertador aún sonando hacia mi

– puede conservarlo – le dije con mirada repugnante, odiaba ese aparato en ese instante – yo lo aventé por la ventana, fue tonto lo sé, pude matar a alguien pero estaba soñando muy lindo y dormí muy tarde y en dos horas tengo que estar en la plaza para un evento del presidente municipal, llegara después de sus vacaciones y tengo que tomar el gran momento, así que si no le importa ire a dormir una hora más –

– Señorita . . . El presidente municipal llegará, según lo que leí, en 15 minutos, lo que no sirve de su despertador es la hora –

– ¡¡¡¿¿¿Qué??!!! – le grite y corrí inmediatamente a cambiarme y por mi cámara, me hubiera gustado bañarme antes, arreglarme, desayunar, pero nooo, odiaba mas el despertador, pareciera una maldición gitana, justo cuando es de vida o muerte algo tiene que fallar, la hora, la luz, el agua, no lo sé, siempre es lo mismo y justo en ese momento mi trabajo estaba pendiendo de un hilo que sería cortado con una falta, un reclamo o 5 minutos de retraso.

Asi pues corrí por la avenida sosteniendo bajo mi brazo mi cámara y mi sombrerito con la otra, evadiendo las personas que caminaban extrañamente más lento el día de hoy. Al llegar, la plaza estaba a reventar, en este lugar adoran al patán que se acuesta cada semana con una diferente engañando a su esposa que tienen por presidente municipal, mi compañero de edición, quien se encargaba de redactar lo que sucedía ya estaba esperando por mi parado junto a su carro del año mirando su reloj carisimo y zapateando con su fino calzado, llegue hasta él agitada y lo salude como de costumbre, es decir, sin sonrisas ni contacto físico.

– llegas tarde –

– Claro que no, llegué justo a tiempo –

– ¿Dónde tienes la cabeza niña, son las 9:07, el jefe dijo que le reportara si llegabas 5 minutos tarde, y llevas 7, ademas que es ese “look” creo que tienes marcas de almohada en tu rostro – tocando mi cara y viéndome con asco – ayyy, sí, que horror, ni te pintaste, te vez fatal, con ojeras y tus labios todos deshidratados, no no no no no, y ¿así te presentas a trabajar?, con razón eres SÓLO la fotógrafa –

En ese momento quise patearle la entre pierna pero sólo era una imagen que disfrutaría en mi mente 5 segundos y después me calmaría, aunque claro, la tenía que cagar, tomo su celular apantallador y llamo al 01-800 – Estoy fregada, léase al jefe, me acusó y el jefe pidió hablar conmigo.

-Liuva es la sexta vez que llegas tarde a un evento, ¿Crees que toleraré este tipo de actitud en mi revista? –

· Claro! su revista apesta, su lacayo esta sobre pagado por que se lo tira!, el sueldo es una porquería, claro que soportará eso porque se queda sin fotógrafa y se chin”#$@  ·

– no señor – pude quedarme justo ahí y sería perdonada pero el mal humor se apoderó de mi desde que desperté y yo no soportaría esto más – Usted no y yo, yo menos, RENUNCIO – le di el teléfono al lacayo gay y me fui caminando enojadisima pero con cierto alivio, por fin era libre de ridículos eventos y la mala paga, aunque claro sin esa paga y mis dos meses de adeudo tal vez tendría que regresar a la búsqueda de empleo.

Caminaba por la avenida que da al callejón mas poblado de la cuidad, vendían muchas cosas, un mercado surtido de piratería, cosas usadas, verduras, fruta, de todo y siempre estaba a reventar, una cuadra después esta una de las librerías más bonitas que he conocido, es una librería con un café, en la entrada están mesas y sillones muy cómodos para tomar un cafecito mientras lees el libro que acabas de comprar, los estantes están al fondo y del lado derecho haciendo esquina están las mesas fuera del local, normalmente están siempre ocupadas, pero debido al gran evento de esa mañana había una mesa libre, inmediatamente me senté, ordené un café negro y un brownie, entré rápidamente por un libro “el perfume” y comencé a leer.

– hola, no hay mesas y me gustaría estar aquí afuera, ¿me puedo sentar aquí? – me dijo un muchacho de aproximadamente mi edad señalando la silla frente a mi

– Claro – le dije sonriendo un poco

– Me llamo Cesar –

· ahh Va! ·

– jejeje mucho gusto cesar, soy liu –

-Extraño nombre, ¿qué significa? –

– mi nombre completo es Liuva, una variante de lo que se conoce aquí como Luisa – le dije riendo un poco, me simpatizaba su forma de hablar y el orificio que se le hacía en la mejilla derecha al sonreír, así que decidí dejar mi libro para conversar con él, sorprendentemente él hizo lo mismo, ordeno algo y comimos juntos platicando de cosas vanales como libros, trabajos, pasteles, arte, etc., la platica era tan amena que conversamos toda la tarde sentados en el mismo lugar, la luz pintada suavemente en el cielo agonizaba en la batalla por el obscurecer, lo cual me indicó que era hora de marcharme, se ofreció a pagar la cuenta y caminamos hasta que nuestros caminos nos indicaban direcciones opuestas.

– Mi camino es hacia allá – le dije indicándole con mi mano izquierda, me dijo que el suyo era el contrario y me disponía a despedirme cuando me interrumpió sacando un plumón de su bolsillo.

– Toma este es mi número, sé que no es muy común que un hombre te de su número pero para que irnos con las reglas sociales, si algún día quieres salir o estas aburrida, marcame, ¿Esta bien? – Extendiéndome el vaso de café que pedimos para llevar · Perfecto! más basura que llevar a casa · Lo tomé y le sonrei.

– Claro, yo te marco, Adiós Cesar – me alejé y fui a casa, tal vez después de todo mi día no estuvo tan mal, aunque mi ventana seguía rota y hacía frío, era la perfecta ocasión para usar el cuarto de huéspedes.

¿Volveré a soñar la mañana fría en sus cálidos brazos?